Como se ha
estudiado en el primer apartado, la cuestión acerca de los contenidos de la
responsabilidad social de las organizaciones viene siendo motivo de debate
durante décadas. El análisis de las distintas posturas permite distinguir
enfoques minimalistas, que limitan las responsabilidades sociales de las
organizaciones a sus obligaciones legales, reduciendo la dimensión ética a la
justicia legal, y enfoques como el de la actuación social, que analizan el contenido
de las responsabilidades sociales desde el marco de los principios éticos que
legitiman la existencia y actuación de cualquier organización.
Queda todavía una
cuestión pendiente de resolver, que está íntimamente ligada a los contenidos de
la responsabilidad social, y es: ¿ante quién es responsable la organización?
¿Tiene el mismo grado de responsabilidad para con cualquier miembro de la
sociedad? ¿Es posible establecer criterios de responsabilidad en lo referente a
sus destinatarios? Éste será el punto que se analice a continuación.
Queda todavía una
cuestión pendiente de resolver, que está íntimamente ligada a los contenidos de
la responsabilidad social, y es: ¿ante quién es responsable la organización?
¿Tiene el mismo grado de responsabilidad para con cualquier miembro de la
sociedad? ¿Es posible establecer criterios de responsabilidad en lo referente a
sus destinatarios? Éste será el punto que se analice a continuación.
Visita el siguiente vídeo sobre la responsabilidad en la organización
FUENTE: Manuel Guillén Parra. (2006). Ética
en las organizaciones Construyendo confianza. PEARSON EDUCACIÓN, S. A.
Los
principios éticos de responsabilidad social que se han descrito han sido
calificados como principios corporativos, o institucionales, por ser principios
que afectan principalmente a la actuación de la organización en su conjunto
frente a la sociedad. El respeto a los derechos humanos, la solidaridad
entendida como cooperación al bien común, y la subsidiariedad que reclama el
derecho a la contribución de todos al bien común, constituyen principios que
afectan a la actividad de cualquier organización y que legitiman su existencia
y su actividad en la sociedad desde el punto de vista ético.
Los principios éticos de actuación personal
responsable son criterios que ayudan a cada persona a comportarse libremente de
modo responsable. La responsabilidad ética es siempre del que actúa, de modo
que también cuando representa a la organización, cada persona es éticamente
responsable de sus actos libres, que además podrán incidir en la reputación de
la organización a la que representen.
El principio de justicia en la actuación
personal dentro de la organización implica actuar conforme a la legalidad y la
justicia, con objetividad y rigor. El cumplimiento de la legalidad vigente
requiere de su conocimiento, y del seguimiento no sólo de la letra, sino del
espíritu; es obvio que las leyes a que aquí se hace referencia deben ser
justas, de lo contrario, no estarían incluidas en el principio de justicia.
El principio de profesionalidad en la
actuación personal dentro de la organización implica actuar con integridad,
veracidad y prudencia o sabiduría práctica. Comportarse con integridad, como ya
se vio, supone ser coherentes con el juicio de la propia conciencia ética, aunque
esto suponga, en no pocas ocasiones, llenarse de fortaleza para corregir, o de
humildad y templanza, para dejarse ayudar sin reaccionar negativamente; la
integridad requiere de la veracidad que supone llamar a las cosas por su nombre,
y exige compartir información con quien tiene derecho a conocerla, o permitir y
fomentar que se haga crítica constructiva. Todos estos criterios, que no están
desligados de los contenidos técnicos del propio trabajo, requieren, a su vez,
de la virtud de la prudencia.
El principio de excelencia en la actuación
personal dentro de la organización implica actuar con actitud de superación, de
servicio y de cooperación. La actitud o el espíritu de superación lleva al
empeño por la mejora continua, por el aprendizaje y el desarrollo en la organización;
este afán por aprender y mejorar debe estar puesto al servicio de los demás, tanto
de los más próximos en la organización como de aquellos con los que ésta se
relaciona; cuando existe afán de mejora y auténtico espíritu de servicio es
posible la cooperación y la contribución a la unión dentro de la organización,
que lleva al esfuerzo permanente por apoyar un proyecto común, y actuar con
unidad de propósito.
Visita el siguiente vídeo sobre la RESPONSABILIDAD SOCIAL Y LOS PRINCIPIOS ÉTICOS DE ACTUACIÓN PERSONAL
FUENTE: Manuel Guillén Parra. (2006). Ética
en las organizaciones Construyendo confianza. PEARSON EDUCACIÓN, S. A.
La
responsabilidad social no es una cuestión puramente técnica o económica. Detrás
de un comportamiento de la organización que es bueno, desde el punto de vista
ético, se encuentra la justificación que hace legítima su existencia. Más allá
del reconocimiento social o de la aceptación pública de una organización, está
la reflexión acerca de su sentido, de su razón de ser en la sociedad. Si se
cumplen las leyes y se actúa conforme a los valores sociales imperantes,
podemos hablar de un tipo de legitimidad social, que es conveniente, pero que
no aseguraría, necesariamente, un comportamiento éticamente bueno. La legitimidad ética de cualquier
organización, no sólo la empresarial, «tiene su referente en los principios que
rigen el orden social y, en último término, en aquello que constituye la razón
de ser de la sociedad y de todas las instituciones sociales: el bien común.
El
bien común es un concepto ético que
se refiere al bien de las personas y, en relación con ellas, el conjunto de
condiciones de la vida social que facilitan el desarrollo como seres humanos de
quienes integran la sociedad. Dicho brevemente, bien común es todo aquello que
contribuye al común desarrollo humano».
Las
organizaciones, constituidas por personas, configuran el entramado social, y su
existencia se ve legitimada desde el punto de vista ético siempre que estén al
servicio de la propia persona. Si dejaran de contribuir al bien común, al bien
de los integrantes de la comunidad, las organizaciones perderían sus derechos
como tales, precisamente por el daño que estarían causando, o por el beneficio
debido que estarían dejando de aportar. El principio de solidaridad, constituye
un principio ético de responsabilidad social que establece que los individuos y
los grupos sociales han de contribuir al bien de la sociedad a la que
pertenecen de acuerdo con su propia naturaleza y capacidades.
La
organización puede contribuir al bien común sirviendo a la sociedad con una
misión específica que aporte valor añadido, favoreciendo el desarrollo humano y
las virtudes éticas de sus miembros, y de todos aquellos modos que considere
oportuno, en función de su naturaleza y sus posibilidades. El principio de
subsidiariedad constituye un principio ético de responsabilidad social que
establece que las estructuras sociales de orden superior han de respetar y
promover la iniciativa y la actividad de las organizaciones con miras al bien
común, y éstas a su vez han de hacer lo mismo con las personas individuales.
Visita el siguiente vídeo sobre la Responsabilidad Social respecto al bien común:
FUENTE: Manuel Guillén Parra. (2006). Ética
en las organizaciones Construyendo confianza. PEARSON EDUCACIÓN, S. A.
Estas concepciones
pueden ser entendidas como etapas históricas en la evolución del concepto de
responsabilidad social en el ámbito de las organizaciones empresariales. La
ubicación temporal de cada concepción, de su aparición, viene marcada por la
proliferación de trabajos teóricos que defienden nuevos modos de entender el
concepto. No obstante, las distintas posturas aquí descritas conviven, hoy día,
en la realidad del mundo de las organizaciones. Cada organización particular es
la que está asumiendo, de modo más o menos consciente, una postura u otra en
sus relaciones con la sociedad.
1.La
responsabilidad social entendida como obligación social es aquella perspectiva teórica
que defiende que la única responsabilidad de una organización es realizar su
actividad dentro de los límites legales y normativos que impone la sociedad. En
el caso de las organizaciones empresariales, la única responsabilidad social de
una empresa consistiría en el logro de beneficios dentro del marco de la
legalidad y de las normas éticas comúnmente admitidas entendidas como reglas
del juego o restricciones.
2.La
responsabilidad social entendida como reacción social es aquella perspectiva teórica
que defiende que la responsabilidad de una organización es realizar su
actividad sin limitarse exclusivamente a los límites legales o normativos
vigentes, sino dando respuesta a los requerimientos o exigencias de los
diversos grupos sociales. Las organizaciones serían socialmente responsables
cuando reaccionan, más o menos voluntariamente, ante los requerimientos de
grupos sociales como los sindicatos o los consumidores, o de quienes son
propietarios de la organización, y no sólo por imperativos legales.
3.La responsabilidad social entendida
como sensibilidad social es la perspectiva teórica que defiende que la
responsabilidad social de una organización es realizar su actividad sin
limitarse exclusivamente a cumplir las leyes y reglas del juego, sino
anticipándose a las necesidades sociales, más allá de la obligación y de la
reacción ante problemas particulares.
4.La responsabilidad social
entendida como actuación social es la perspectiva teórica que defiende que la
responsabilidad social de una organización debe estar integrada en todas sus
acciones, y por tanto, debe contar con principios éticos de responsabilidad
social, con procesos para su puesta en práctica y con instrumentos para la
evaluación de estas actuaciones.
Visita el siguiente vídeo sobre la Responsabilidad Social:
FUENTE: Manuel Guillén Parra. (2006). Ética
en las organizaciones Construyendo confianza. PEARSON EDUCACIÓN, S. A.
Las organizaciones
forman parte del tejido social en el que se desenvuelven, no son grupos de
personas aislados del resto de instituciones sociales. Por este motivo conviene
analizar el comportamiento de las organizaciones en el marco de su relación con
la sociedad a la que pertenecen, en la que se desarrollan. Han sido muy
distintas las posturas asumidas ante cuestiones como éstas a lo largo de las últimas
décadas, especialmente en el papel que corresponde a determinadas
organizaciones en su entorno.
El modo de entender
cuáles son las responsabilidades que tiene una organización en la sociedad
puede ser estudiado, precisamente, a través del análisis de las distintas posturas
que se han asumido a lo largo del tiempo y hasta nuestros días. Visita el siguiente vídeo sobre la LA LEGITIMIDAD ÉTICA:
FUENTE: Manuel Guillén Parra. (2006). Ética
en las organizaciones Construyendo confianza. PEARSON EDUCACIÓN, S. A.
La responsabilidad social
entendida como obligación social es aquella perspectiva teórica que defiende
que la única responsabilidad de una organización es realizar su actividad dentro
de los límites legales y normativos que impone la sociedad. En el caso de las
organizaciones empresariales, la única responsabilidad social de una empresa
consistiría en el logro de beneficios dentro del marco de la legalidad y de las
normas éticas comúnmente admitidas, entendidas como reglas del juego o
restricciones, como afirma el economista Milton Friedman, uno de los pensadores
más representativos de esta postura.
Esta concepción de la
responsabilidad social es condición necesaria para el buen funcionamiento de
las instituciones, y supone un paso fundamental que separa la actuación
responsable de la que no lo es. A pesar de todo, esta postura comenzó a recibir
críticas desde muy diversos estamentos en el ámbito empresarial y desde
comienzos de siglo pasado, cuando no antes. A este enfoque se atribuye una
visión reduccionista de la misión específica de la organización, por reducir su
razón de ser al beneficio de los dueños de la organización, olvidando otras
responsabilidades que de hecho no siempre están contempladas por la ley.
La responsabilidad social
entendida como reacción social es aquella perspectiva teórica que defiende que
la responsabilidad de una organización es realizar su actividad sin limitarse
exclusivamente a los límites legales o normativos vigentes, sino dando
respuesta a los requerimientos o exigencias de los diversos grupos sociales.
Las organizaciones serían socialmente responsables cuando reaccionan, más o
menos voluntariamente, ante los requerimientos de grupos sociales como los
sindicatos o los consumidores, o de quienes son propietarios de la
organización, y no sólo por imperativos legales.
La responsabilidad social
entendida como sensibilidad social es la perspectiva teórica que defiende que
la responsabilidad social de una organización es realizar su actividad sin
limitarse exclusivamente a cumplir las leyes y reglas del juego, sino
anticipándose a las necesidades sociales, más allá de la obligación y de la
reacción ante problemas particulares. Se trata de una visión de la
responsabilidad que es preventiva, más que curativa. Entiende que cualquier
organización, como elemento constitutivo de una sociedad, debería tomar partido
por los asuntos de interés público.
La responsabilidad social
entendida como actuación social es la perspectiva teórica que defiende que la
responsabilidad social de una organización debe estar integrada en todas sus
acciones, y por tanto, debe contar con principios éticos de responsabilidad social,
con procesos para su puesta en práctica y con instrumentos para la evaluación
de estas actuaciones.
La responsabilidad social no es
una cuestión puramente técnica o económica. Detrás de un comportamiento de la
organización que es bueno, desde el punto de vista ético, se encuentra la
justificación que hace legítima su existencia. Más allá del reconocimiento
social o de la aceptación pública de una organización, está la reflexión acerca
de su sentido, de su razón de ser en la sociedad. Si se cumplen las leyes y se
actúa conforme a los valores sociales imperantes, podemos hablar de un tipo de
legitimidad social, que es conveniente, pero que no aseguraría, necesariamente,
un comportamiento éticamente bueno.
Visita el siguiente vídeo sobre la Responsabilidad Social:
Fuente: Manuel Guillén Parra. (2006). Ética
en las organizaciones Construyendo confianza. PEARSON EDUCACIÓN, S. A.
¿Qué virtudes éticas se requieren en cada fase del proceso de toma de decisiones?
Según(Manuel
Guillén Parra, 2006)menciona lo siguiente:
DIAGNÓSTICO
Entre las virtudes requeridas en
la fase de «diagnóstico» del problema durante el proceso de toma de decisiones
adquieren especial relevancia cuatro hábitos del carácter: la objetividad, la prudencia, la fortaleza y la humildad, que disponen
al que decide para hacerlo mejor, en su sentido técnico y ético.
La prudencia ha sido ya
estudiada con detalle en el epígrafe anterior, y es lógico que aparezca en la
primera fase del proceso de decisión, pues ayuda a «acertar» en los medios en
orden a lograr los fines.
La objetividad implica que
el análisis de la situación, el diagnóstico, no estará desvirtuado por la
presencia desproporcionada de los sentimientos o deseos de quien decide.
La fortaleza facilita
resistir las amenazas o debilidades y acometer las oportunidades haciendo uso
de los medios con los que se cuenta. Este hábito del carácter supone vencer las
dificultades, los obstáculos y los temores que puede producir el descubrimiento
de aspectos negativos en el análisis racional, y lanzarse a acometer su
resolución
La humildad es la virtud o
cualidad humana que lleva al conocimiento propio, tanto del que decide como de
la organización en la que se encuentra, admitiendo lo que se posee y aquello de
lo que se carece.
DISEÑO
Si analizamos la siguiente etapa
en el transcurso de la decisión humana, hay dos virtudes que cooperan a
realizar mejor la fase de «diseño» de alternativas en el proceso de decisión:
la magnanimidad y la audacia.
La magnanimidad es el hábito
de proponerse metas altas, separando la magnitud de lo logrado de la referencia
a uno mismo. Un punto que conecta de modo aparentemente paradójico con la
humildad. Pues humildad no es apocamiento en los medios o los fines, sino
contar con la realidad del conocimiento propio y de quienes constituyen la
organización, algo compatible con tener metas altas. La persona que toma decisiones
procurando el mayor bien posible, está en condiciones de lograr mejores
resultados. «Magna anima», alma grande, supone contar con ambiciones nobles en
el diseño de alternativas para el logro de los mejores resultados posibles.
Cuando las virtudes descritas aquí se presentan en unión armónica en la persona
que decide, guiadas por la prudencia, facilitan el logro de los mejores
resultados con los medios disponibles. Facilitan la eficacia, la eficiencia y
la ética.
La audacia es la virtud que
dispone a acometer las metas altas, aun sabiendo que hay que superar
limitaciones y carencias en las capacidades actuales. Si la virtud de la
magnanimidad conectaba con la de la humildad, la de la audacia conecta con la
fortaleza, pues requiere en no pocas ocasiones «sacar fuerzas de flaqueza» para
dar lo mejor de sí mismo. Audaz es quien hace lo que se ha propuesto, a pesar
de lo alto de la meta y lo difícil del empeño. En el ejemplo de la compra de
ordenadores, estas virtudes llevarían a no conformarse con «cualquier cosa» en
el análisis de alternativas, buscando de modo esforzado el mejor producto,
pensando en quien ha de usarlo y en gastar los menores recursos para lograrlo.
ELECCIÓN
En la fase del proceso de toma de
decisiones en la que se requiere seleccionar una alternativa y ponerla en
práctica, los profesores Llano y Llano, mencionan como más relevantes tres hábitos
del carácter. Así, las virtudes que adquieren mayor importancia en la fase de
elección en la toma de decisiones son: la fortaleza,
la constancia
y la confianza.
La fortaleza, de esa
disposición habitual para acometer tareas difíciles superando los miedos y
dificultades. Y si la fortaleza es la virtud para decidir superar el temor.
La constancia es la virtud humana
contra el cansancio, esa disposición estable del carácter que lleva a no
detenerse ante la dilación en la consecución de los objetivos, ni a amilanarse
ante el desgaste que produce el paso del tiempo.
La confianza, como virtud en
la toma de decisiones, constituye la esperanza en que se logrará lo decidido, y
en el caso en que sean otros los que deban ponerlo por obra, la seguridad de
que obedecerán, que querrán lograr lo decidido y pondrán los medios.
REVISIÓN
Una de las virtudes que adquieren
más relevancia son las mismas que las de la fase de elección, pues los autores
mencionados utilizan un concepto amplio del concepto de elección, al que llaman
mando, y en el que estaría incluido el control, o mejor, la revisión de la
decisión.
¿Alguna vez te has preguntado cómo los directivos o responsables de cualquier área dentro de una organización toman una decisión?